El panorama que hoy se abre a los ojos del sediento de vino y de bebidas más fuertes en las tiendas rusas sólo podría haber surgido en las peores pesadillas. Donde antes reinaba la abundancia de vinos de Europa, Estados Unidos y de las regiones más alejadas de Rusia --África del Sur, Australia, Argentina y Chile--, hoy se ven escaparates vacíos. Con dificultad, uno puede encontrar alguna olvidada botella de vino español o del cono sur latinoamericano.
Todo el mercado de bebidas alcohólicas está colapsado. Detrás de estos estantes vacíos hay una historia de estupidez burocrática y un programa informático con el que los servicios secretos pretenden saber dónde están todas y cada una de las botellas que se beben en el país. | |